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cache_2451092054Las Denuncias Falsas hacen un terrible daño a nuestra sociedad, pero aun entre las denuncias falsas hay algunas que por esperpénticas y vergonzosas deberían hacernos saltar como sociedad; os voy a contar un caso vivido en un Juzgado de la provincia de Barcelona, cuyo nombre omitiré para salvaguardar la identidad del protagonista de esta vergüenza.

En este Juzgado se celebraba un Juicio por Violencia en el ámbito familiar, teóricamente un hombre había agredido a su esposa y a su hijo, la denuncia interpuesta por esta mujer y su hijo decía que este hombre se había levantado del sofá en el que estaba sentado y había comenzado a insultar a su esposa y en tono amenazante se había dirigido a ella y la había zarandeado y agredido, ante lo cual el hijo fue a separar al padre para defender a la madre y también fue agredido por este padre “maltratador”.

Al entrar en la sala puedo observar que la mujer supuestamente maltratada carecía de signo alguno de violencia y el hijo era un hombre de unos 40 años, corpulento y sin rasguño alguno, creció en mí la expectación, ¿cómo sería ese padre capaz de agredir a una mujer sin dejar señal alguna y capaz de agredir a un hijo de esa edad y esa corpulencia? …

Entra en la sala el acusado… Me quedo de piedra! Un hombre enclenque de 74 años de edad con la camisa llena de sangre y la cara llena de golpes!!! Tenía la cabeza agachada, la mirada perdida, como si no se creyese lo que le estaba pasando…

La jueza enmudeció… yo miré a la abogada que por turno de oficio le había caído el caso y tenía que defender a las “víctimas” es decir a la mujer sin ningún rasguño y al corpulento cuarentón… la cara de la abogada era de no dar crédito, pero está obligada a defender a sus clientes…

La jueza decreta orden de alejamiento, aunque deja entrever que no se cree la situación pero que tiene las manos atadas.

Las lágrimas empiezan a rodar por la cara de este hombre que dice por lo bajo “y ahora dónde vivo yo con una pensión de 500 euros?”

La mujer y su hijo sonríen… ya está… se han librado del anciano y la casa es para ellos…

Hablo con la abogada de oficio que se vio obligada a la defensa de estos “personajes” y me dice: “casos como éstos hacen que piense en dejar este trabajo”.

Ahora sé, más que nunca que debo continuar con mi labor de defender una sociedad igualitaria, que no puedo permanecer impasible mientras miles de hombres son vapuleados por unas leyes que dan a determinadas mujeres el poder sobre la vida de miles de hombres a los que solo les queda callar y aceptar.

Me niego a dar por buena esta realidad!

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